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Crisis, deseo y placer: cuando todo arde, el cuerpo lo siente

  • Foto del escritor: Carolina Meloni
    Carolina Meloni
  • 20 mar
  • 3 Min. de lectura

El deseo no es individual ni espontáneo

Nos han enseñado a pensar el deseo como algo natural, espontáneo e individual, como si fuera un impulso biológico que nos atraviesa de manera aislada. Sin embargo, desde el concepto de conocimiento situado de Donna Haraway (1988), sabemos que todo conocimiento—y el deseo no es la excepción—se construye en un contexto específico, atravesado por relaciones de poder, historia y materialidad. No deseamos "pese" a nuestro contexto, sino a través de él. Cuando vivimos en crisis, cuando la incertidumbre, la precarización y la violencia nos rodean, es esperable que el deseo se modifique. No porque haya algo dañado en nosotres, sino porque el deseo no es inmune a la realidad.

Estrés, supervivencia y respuesta sexual

El estrés sostenido tiene efectos directos sobre el cuerpo. La activación del sistema nervioso simpático nos pone en modo supervivencia, priorizando funciones que nos permitan resistir la adversidad: alerta, tensión muscular, aumento del ritmo cardíaco. La respuesta sexual, en cambio, requiere la activación del sistema nervioso parasimpático, el que nos permite la relajación y la entrega (Pfaus et al., 2016). En otras palabras, el cuerpo no puede estar al mismo tiempo en estado de alarma y de disfrute.

Cuando nos enfrentamos a crisis económicas, violencias estatales o precarización laboral, la activación del estrés es crónica. Esto explica por qué muchas personas sienten que su deseo desaparece, que sus cuerpos no responden como antes o que la idea misma del placer se siente lejana. No es una falla individual, sino una respuesta predecible de un organismo que prioriza resistir antes que gozar.

Erotismo, poder y autocuidado

En momentos de crisis, aparece otro factor que complica la relación con el deseo: la culpa. Nos han enseñado que el placer es un lujo, algo que "no es prioridad" cuando el mundo se cae a pedazos. Sin embargo, Audre Lorde (1984) nos recuerda que el erotismo es poder. No como mera gratificación sexual, sino como una forma de conexión profunda con nosotres mismes, con nuestres otres y con el mundo. El placer no es una frivolidad, sino una herramienta para sostenernos.

El autocuidado, lejos de ser un mandato neoliberal individualista, puede pensarse como un acto político colectivo. Bell Hooks (2000) hablaba del autocuidado como una estrategia de resistencia de las comunidades marginalizadas, un espacio desde el cual sostener la lucha sin que el sistema nos devore. En este sentido, buscar el placer no es una exigencia ni una renuncia, sino una posibilidad: un recordatorio de que somos más que cuerpos explotables y agotados.

El placer como trinchera

Si el placer no es obligatorio ni una meta a alcanzar a toda costa, tampoco es algo que debamos abandonar. Silvia Federici (2004) nos habla del cuerpo como el primer territorio de lucha, y es precisamente en los momentos de mayor adversidad donde el placer puede convertirse en una forma de resistencia. No significa negar el contexto ni caer en discursos de "pensamiento positivo", sino recuperar la potencia de nuestros cuerpos en un sistema que nos quiere agotades y obedientes.

Explorar el deseo en tiempos de crisis puede tomar muchas formas: desde el contacto con otres hasta el autoerotismo, desde espacios de descanso hasta instancias de juego. No hay una única manera de sostenerse, ni tampoco una exigencia de hacerlo. El placer, cuando aparece, no es una evasión: es un refugio, una pausa, un espacio propio dentro del caos.

¿Cómo te atraviesa este contexto en tu deseo y en tu relación con el placer?

Abramos la conversación. Porque el placer, como el deseo, no es individual: es un tejido colectivo en el que nos sostenemos.

Referencias

  • Federici, S. (2004). Calibán y la bruja. Traficantes de Sueños.

  • Haraway, D. (1988). Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective. Feminist Studies, 14(3), 575-599.

  • Hooks, B. (2000). All About Love: New Visions. William Morrow.

  • Lorde, A. (1984). Uses of the Erotic: The Erotic as Power.

  • Pfaus, J. G., et al. (2016). Sexual behavior and the brain: Interactions of hormonal, neuropeptide, and neurotransmitter systems in the control of sexual behavior. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 66, 173-196.


 
 
 

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